¿Dónde estamos?

Argentina está situada en el Cono Sur de Sudamérica, limita al norte con Bolivia, Paraguay y Brasil; al este con Brasil, Uruguay y el océano Atlántico; al sur con Chile y el océano Atlántico, y al oeste con Chile. El país ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano y tiene una forma aproximadamente triangular, con la base en el norte y el vértice en cabo Vírgenes, el punto suroriental más extremo del continente sudamericano. De norte a sur, Argentina tiene una longitud aproximada de 3.300 km, con una anchura máxima de unos 1.385 kilómetros.
Argentina engloba parte del territorio de Tierra del Fuego, que comprende la mitad oriental de la Isla Grande y una serie de islas adyacentes situadas al este, entre ellas la isla de los Estados. El país tiene una superficie de 2.780.400 km² contando las islas Malvinas, otras islas dispersas por el Atlántico sur y una parte de la Antártida. La costa argentina tiene 4.989 km de longitud. La capital y mayor ciudad es Buenos Aires

PAPA FRANCISCO

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Arte callejero en Buenos Aires


Buenos Aires es una de las principales ciudades del mundo para el arte callejero

22 de Junio de 2013

La meca de los "muralistas". Los artistas -y no tanto- usan paredones de fábricas, frentes de edificios y medianeras como enormes lienzos y logran interesar a quienes los van descubriendo, aunque el resultado no convence a todos. Martín Ron es autor de una serie de murales con retratos de ídolos populares como el del futbolista Carlos Tevez, delantero del Manchester City. La imagen del jugador se asoma desde la pared divisoria de un edificio a un campo de fútbol del humilde complejo de viviendas de Fuerte Apache, en el suburbio de Buenos Aires en el que el deportista vivió durante su infancia y adolescencia. Ron dice: "Se manifiesta la pintura en lo más rutinario, que es ir desde tu casa al trabajo; la obra te toma por sorpresa y a quien le interesa, la interpreta y descubre cosas. Los chicos (que juegan en el campo) tenían a su ídolo Tevez ahí grande, como un estímulo y una motivación. Hago una pintura popular, me gusta tomar por sorpresa a la gente que entiende menos de arte". Junto a sus colegas Leandro Frizzera y Emiliano Mariani, Ron también pintó a Diego Armando Maradona al momento de meter un gol (¿con la mano?) a la selección inglesa en la Copa Mundial de Fútbol en México, en 1986. La imagen está en una pared de treinta metros de largo por seis de alto, bajo un puente transitado por un tren metropolitano.
Las pinturas de ambos futbolistas integran una serie subvencionada por las autoridades locales para embellecer el espacio urbano.
Una tercera obra de esta serie muestra al admirado Ernesto Sabato sonriendo. Es un mural de trece por nueve metros situado frente a lo que fue su casa en la localidad de Santos Lugares.
También destaca el de una voluptuosa histórica: la actriz Isabel Sarli, cuyo pechos aparecen pintados al ras de la vereda de una calle de Villa Pueyrredón.
Otras obras como las del italiano Blu, no tienen personajes conocidos, pero sí imágenes poderosas. El artista realizó una pintura que representa a un enorme bebé sujetando lo que parece una píldora que se dispone a ingerir. La creó en 2007 en los muros laterales de un edificio que iba a ser demolido en el barrio de Villa Urquiza.
En la obra, en la que predominan el blanco, el negro, el rojo y el anaranjado, hoy se puede observar el interior del cuerpo del niño, invadido por maquinaria y personal abocado a diferentes tareas. La imagen hace pensar en la explotación y corrupción del ser humano.
Blu, el belga Roa, el español Aryz, el francés Jef Aerosol y el estadounidense Ron English han dejado varias obras en Buenos Aires en los últimos dos años. La Ciudad es un muestrario de pinturas callejeras que podría competir con las que muestra Belfast, otro enclave famoso de este tipo de expresión, pero con sesgo político.
"Los artistas internacionales se interesan por esta ciudad porque aquí las autoridades son indulgentes a la hora de castigar el arte callejero ilegal", dice a la AP el inglés Matt Fox-Tucker, fundador de la página www.buenosairesstreetart.com. El sitio recoge las obras y experiencias de numerosos muralistas que han dejado su sello en la capital argentina.
La inglesa Esther Whitehouse confiesa que admira la enorme escala de los murales porteños. Ella es artista en su tierra y se queja de que allí hay más trabas para expresarse con este tipo de arte. En tanto, Alexandra Nadeau, de Canadá, destaca la calidad de las obras callejeras y su variedad; las que denuncian injusticias conviven con las puramente estéticas.
Ambas extranjeras integraron recientemente uno de los paseos organizados por Fox-Tucker, que recorre varias veces por semana los barrios capitalinos exponentes del arte callejero.
En Buenos Aires es ilegal pintar edificios y viviendas en la vía pública, pero si el artista obtiene el permiso del dueño del muro puede hacer casi lo que quiera.
"En muchas ciudades de Europa esto no es posible y el dueño de la propiedad necesita un permiso de la autoridad local para alterar el aspecto del inmueble", dice Fox-Tucker, autor junto al brasileño Guilherme Zauith del libro "Textura Dos Buenos Aires Street Art", que reúne murales y grafitis de distintos barrios porteños.
Es relativamente común que los artistas que pintan en Buenos Aires vayan de puerta en puerta para obtener el beneplácito de dueños de edificios y casas para expresar su arte. Los propietarios casi siempre aceptan porque las obras tapan las leyendas políticas o los mensajes de aliento a los equipos de fútbol que afean los frentes. En tanto, algunos comerciantes contratan a los pintores para que decoren sus locales, en especial los de cafés y restaurantes.
Antes de empezar a pintar, los artistas preparan los muros donde van a realizar sus obras con yeso y selladores sobre lo que trabajan con látex, óleo y aerosoles.
Donde algunos ven sólo una pared, los muralistas aprecian todo lo que hay alrededor; por ejemplo, si hay más tráfico que peatones o cómo es la estructura de los edificios. La mayoría de las veces se busca sorprender al público.
Los pintores extranjeros aprecian la cantidad de espacio disponible que hay en la capital argentina, entre paredes medianeras y edificios abandonados y desocupados.
Cuando uno recorre Buenos Aires encuentra constantemente murales y grafitis en los edificios históricos y en las fachadas de casas antiguas.
El gobierno local ayudó a organizar la primera y segunda edición del festival Meeting of Styles (Encuentro de estilos) en 2011 y 2012 sobre arte callejero. Las autoridades han procurado diferenciar lo que son esas manifestaciones artísticas del mero vandalismo y han respaldado a los artistas para que pinten en algunos espacios públicos, como es el caso de Marino Santa María en el pasaje Lanín.
También el hospital Pirovano es un ejemplo de esto. Sobre los muros perimetrales del centro médico se permitió trabajar a artistas argentinos y de otros países sudamericanos para preservar el patrimonio público del barrio de Coghlan. La colombiana Guache pintó un imponente mural representando el rostro de un indígena con la cabeza cubierta por una serpiente emplumada.
Pero estos murales, cuyas imágenes también han decorado camisetas, no suelen perdurar como un óleo en un museo. Aunque los que son valorados por su calidad se mantienen por mucho tiempo, quizás como una muestra de respeto a su autor, con frecuencia son tapadas con nuevas obras o algunos grafitis o "tags" (los nombres que identifican a los grafiteros), y desaparecen.

Almudena Calatrava
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